¿Te ha pasado que cuando dices que trabajas de casa, te miran raro? ¡A mi también! Y por un tiempo hasta yo misma me sentía rara. Verás, yo vengo del mundo corporativo como muchas otras mamás. Trabajé para alguien, tuve mi propia empresa con empleados bajo mi mando, trabajé de casa, volví a trabajar para alguien y ahora nuevamente trabajo de casa.
He hecho la transición varias veces en mi vida profesional, y aún así, trabajar de casa no es como lo imagina la mayoría de las personas. Todos tienen la falsa noción de que las mujeres, madres o no, que hacen teletrabajo gozan de una exagerada flexibilidad de tiempo y que estamos más con las piernas sobre el escritorio que laborando... y debo aclarar que no hay nada más absurdo y lejano de la realidad que eso.
Trabajar para otro tienen la inmensa ventaja de que tus funciones son bastantes claras y tu tiempo enmarcado y estipulado. Sabes a qué hora entras y a qué hora sales (y que si trabajas horas extras son reconocidas). Tu jefe no se va contigo a la casa. No tienes interrupciones constantes y de diferentes tipos. Sólo imaginen a un contador en su puesto y que de repente llega el hijo y le insiste por 30 minutos que está aburrido con voz quejumbrosa... quedan llorando contador e hijo seguramente.
Para todos los incrédulos del mundo quiero dejar claro que trabajar de casa es difícil. Requiere de una concentración extraordinaria porque literal todo puede ser una potencial distracción... el gato, los niños, la nana. ¡Ah! y como estás en casa todos (o tu propia madre) te llaman por teléfono o chatean porque tienen la idea de que estás libre para conversar. ¡Pues no! A veces, estoy ocupadísima tratando de terminar algo para un cliente y la llamada me descarrila. Los incrédulos dirán: "a mí también me llaman" y es cierto, ¿pero te llaman con la intención de echar cuentos por horas?. Seguramente no porque saben que estás en tu oficina. Bueno, yo también estoy en la mía.
Y las que somos madres tenemos un punto extra que nos pone alto en el ranking de distracciones que lidiar: ¡los hijos! Estos pequeños seres no entienden a cabalidad un "estoy trabajando". Para ellos, si estás allí entonces bien puedes destapar el frasco, mirar la pintura, acompañarlo al baño y responder a todos los gritos de "mamaaá" que deseen. Porque aunque esté la nana, el papá y la abuela en casa, nadie abre un frasco como tú. Díganme si esto no es grado de dificultad 10.
¡Ojo! no estoy diciendo que trabajar desde casa sea ni más ni menos difícil que tener un trabajo regular, solo digo que podemos tener los mismos niveles de estrés, de distracciones, de exigencia y de compromiso. Y por ello, no debemos ser tildadas de buscar la vía fácil. No vamos a negar que tiene grandes recompensas trabajar de casa como: acomodar tu horario según requieras, estar cerca de tus hijos para ayudarles sin perderte un detalle y sentirte dueña de tu futuro profesional. El sacrificio y las los frascos abiertos valen la pena.
En contraparte, a veces, nos toca trabajar cuando todos duermen. Amanecemos más cansadas que otras al trasnocharnos así. Estar sola trabajando en casa puede sentirse aislado de vez en cuando. Podemos pasar horas seguidas laborando sin darnos cuenta porque no llega esa colega a conversar contigo un rato. No tenemos el happy hour de la oficina donde todos se ríen y charlan haciendo lazos de equipo. No obtenemos bonos de fin de año.
Pero, ¿lo cambiaríamos? Creo que no. También creo que cada persona encuentra dónde estar a gusto. Cada persona tiene el campo donde va a florecer y brillar. Yo he estado de ambos lados y me he sentido feliz en ambos. He apreciado y aprendido de ambos, y por eso mismo, cuando ahora digo que trabajo de casa lo digo convencida de que en este momento de mi vida estoy haciendo lo correcto. Y así debe sentirse siempre.
xoxo, Yani